martes, 19 de abril de 2011

LOS INCONTESTABLES ATRIBUTOS DE PRIAPO...



“Me preguntas por qué llevo mis partes sin cubrir; date cuenta de que ningún dios oculta nunca sus armas”
El mito más admitido sitúa el nacimiento de Príapo en Asia Menor, siendo hijo de Dionisos y Afrodita. Pero Hera, por su odio de madrastra contra el primero y celos contra la segunda, maldijo al niño para que naciese deforme. La deformidad consistió en un pene de dimensiones extraordinarias. Afrodita, temerosa de la burla de los dioses, lo abandonó en el monte donde fue recogido y criado por unos pastores, que acabaron rindiendo culto a su virilidad. Así nació Príapo como dios campestre, pero es sin duda su colosal pene lo que ha trascendido hasta nosotros. Tan famoso como que en algunas pinturas aparece sostenido por una especie de grúa.
algunos distintivos de este Dios poco conocido:

  • “”Príapo poseía un enorme falo, un gigantesco órgano sexual masculino que parecía labrado en mármol.
  • ……el día del desfile, a plena luz del sol Príapo y su enorme pene engrasado eran arrastrados sobre un carro tirado por jóvenes sátiros. El falo de priapo era tan grande y pesado que el carro tenía que ser equilibrado con contrapesos de plomo. Venía precedido por señoritas de las mejores familias, las “canéforas” o portadoras de las canastas sacrifícales, llenas de manzanas, higos y vinos
  • Heródoto dice que en Egipto se desfilaba sosteniendo títeres cuya única parte móvil era precisamente el falo, el cual era tan largo como la mitad de la estatura del títere.
  • Una arqueóloga, Eva Kuehls, cita a un autor antiguo, Kalixeinos de Rodas, testigo de una procesión celebrada en Alejandría, en 275 a.C. Reporta que se exhibió un falo de madera de 180 pies de largo, dorado. De haberse colocado en posición vertical, aquel órgano hubiera sido tan alto como un edificio moderno de veinte pisos. Esta increíble pieza desfiló en una ciudad que contaba con medio millón de habitantes, quienes con gran fervor entonaban himnos a Dionisio al paso de aquella desmesurada erección……
  • Cuenta la leyenda que Lotis, ninfa amada por Príapo y a la que éste perseguía continuamente, pidió a los dioses ser transformada en planta: loto. ¡Tal era el espanto ante tan desarrollado miembro!. Este mito recuerda al de Apolo y Dafne. Y aún otra leyenda tardía cuenta que la diosa romana del hogar, Vesta, se despertó con los rebuznos del asno, animal que la aterraba, en el momento en que Príapo la poseyó.”"
El relato de los avatares del Príapo éste origina un sentido afán investigador en todo hombre que se precie. Así, leo que el joven y obsceno dios era considerado una divinidad rustica menor. ¿Menor? Su falo desproporcionado en perpetua erección simbolizaba la fuerza fecundadora de la naturaleza ¿Acaso no recordáis los versos que le dedicó el gran poeta alcarreño Jota Siroco en su “Oda a Priapo”?:
ODA A PRIAPO
Este falo capón que ves ahora
capullo de algodon ya sin sentido
fuera otro tiempo verga vibradora.
Fuera otrora magnífico badajo,
cucaña, mastil, espolón altivo…
sin rodeos, mi amor, un buen carajo.
Este morcón con aires de morcilla
nació caña de lomo y fue chorizo
enhiesto cual Giralda de Sevilla.
Monstruo sedente hoy, en horas bajas,
no queda a su placer otro destino
que el lúbrico manubrio de una paja.
Compadecióse ella del otoño,
cayo la falda, le mostro el chumino
y a Priapo dejó besarle el coño.
Un tío muy serio nuestro héroe, capaz de amedrentar a cualquiera. Cuenta la tradición que cierta vez tuvo algo más que palabras con un asno a causa de la polémica suscitada por la comparativa de los respectivos miembros viriles. Por supuesto ganó nuestro “primus inter pares” la disputa y además mató al jamelgo como escarmiento.
Los romanos solían colocar en sus jardines estatuas de Príapo con objeto de garantizar una cosecha abundante, al tiempo que hacía las veces de espantapájaros. Consideraban que propiciaba las buenas camadas en los rebaños y cosechas abundantes. Por ende, Príapo alejaba el mal de ojo y su estatua protegía la huerta de los ladrones. Como a otro dioses, tambien se le atribuian poderes profeticos.
En este papel de guardián, se describe a Priapo haciendo uso de la sodomía como amenaza hacia los intrusos, a los que ocasionaba un largo escalofrío al decirles con media sonrisa inquieta:
“Quae percider puer, moneo, futuere puella” “barbatum furem tertia poena manet”.
(Te sodomizaré muchacho, te lo advierto; a ti muchacha te follaré; al bárbado ladrón la tercera pena es la que le espera). (*)
“Ne prendere, cave. Traiectus conto sic extendere pedali ut culum rugam non habuisse putes”.
(Ten cuidado no vaya a cogerte. Atravesado por mi percha descomunal, quedarás tan estirado que nunca pensarás que tu culo tenga curva alguna).
*NOTA. La tercera pena es la irrumación, del latin “irrumatio” y supone una variante de la felación. En concreto es sexo oral sobre el pene y el escroto. El irrumador -el hombre cuyo pene es chupado- es quien realiza todos los movimientos sobre la persona que recibe el pene en su boca.
Por tanto nos encontramos ante la encarnación del culto fálico cuyo origen último se pierde en la noche de los tiempos. En Roma el culto a esta divinidad menor estaba tan extendido que eran muy comunes las inscripciones y carteles con Príapo como protagonista. A veces, advertencias contra ladrones e intrusos que recibirían el castigo marca de la casa (ya sabes, a éste le daba por amenazar a todo el mundo con la penetración anal), otras veces divertidas alusiones mitológicas.
La siempre sorprendente Pompeya conserva a modo de graffitis todo tipo de animaladas con que los pompeyanos pintaban paredes y lugares públicos y ahí las alusiones a los atributos sexuales no son nada raras. Como ahora. ¿Véis como no hay tantas diferencias?. Dentro de ellas hay un género de contenido particularmente erótico, bautizado precisamente con el nombre de Priapeo.
Los PRIAPEOS son poemas erótico-festivos de extensión breve que tienen como tema básico al dios Príapo hablando en primera persona a sí mismo o a un devoto o simplemente inspirados en él. Vale, no es Horacio, pero a fin de cuentas es literatura popular y aunque heterodoxa, no por ello menos clásica.
Una selección de PRIAPEOS ROMANOS.

  1. Podría decírtelo con rodeos: “Dame eso que puedes dar una y otra vez sin agotarse”; “Dame eso que tal vez desearás inútilmente dar cuando una barba desagradable pueble tus mejillas”; “Dame lo que a Júpiter dio Ganímedes, quien, arrebatado por el águila sagrada, ahora escancia agradable nectar a su amante”; “Dame lo que la recién casada ofrece a su marido la primera noche, para evitar que se le desgarre la otra parte”. Pero más sencillo será decírtelo claramente: “Deja que te dé por culo” ¡Qué voy a hacerle! Así de bruto soy.
  2. “Puedes tomar tranquilamente lo que hay en mi huerto, siempre y cuando yo también pueda conseguir lo que hay en el tuyo.”
  3. Aunque como ves yo, Príapo, soy de madera, igual que de madera son mi hoz y mi verga, te cogeré y teniéndote así te la meteré toda entera, por muy grande que sea, más tensa que una cítara, hasta la séptima costilla.
  4. Fuera de aquí, mujeres castas: es impropio de vosotras que leáis estos impúdicos versos. Pero a ellas esto les trae sin cuidado, y hacía aquí vienen derechas; parece que les encanta contemplar una buena polla.
  5. ¿De qué te ríes, tontita? No me hizo Praxíteles, ni Escopas, ni fui esculpido por la mano de Fidias; fue un campesino el que cogió un tronco en bruto y me dijo: Tú, sé Príapo. Pero ya veo que me miras y te ríes. Debe parecerte muy sabrosa esta cosa que se eleva como una columna entre mis ingles.
  6. Tú, quienquiera que seas, entra. No pienses en alejarte de la venerable ermita de este lujurioso dios. Y si durante la noche una muchacha te acompaña, no temas por ello entrar. Podrías temer a los dioses severos, pero nosotras, mezquinas divinidades campestres, no valemos nada. Sin ningún pudor, con los testículos al aire, estamos a cielo abierto. Por tanto, todo el que quiera que entre, aunque venga embadurnado del negro hollín del lupanar.
  7. Si la trotacalles Teletusa un día, con las nalgas al aire y agitando el vientre, se meneara moviendo el espinazo, podría con tales artes, oh Priapo, no solo conmoverte a ti, sino hasta al casto hijo de Fedra.
  8. Para quien aquí cortase una violeta o una rosa, o robase alguna fruta u hortaliza sin pagarla, pido que, sin tener mancebo ni mujer, reviente de una erección como la que en mí veis y tenga que golpeársela sin cesar en el ombligo.
  9. Este cetro que, procedente del árbol, nunca más volverá a reverdecer, este cetro que reclaman para sí las jovenzuelas lujuriosas, que algunos reyes desean tomar entre sus manos y que besan los nobles sodomitas, se hundirá en las entrañas del ladrón todo entero hasta la empuñadura de los cojones.
  10. Oh, Quírites, o me cortas el miembro viril que noche tras noche fatigan las vecinas siempre calientes y más lujuriosas que los gorriones en primavera, o reventaré y os quedaréis sin Príapo. Ya ves que estoy jodido, agotado, pálido y macilento, yo que antes, rubicundo y valeroso, solía atravesar hasta a los ladrones más fuertes. Ahora, pobre de mi, me faltan las fuerzas, y escupo peligrosos esputos entre espasmos de tos. (nuestro héroe en decadencia).
  11. Muchacha más negra que los negros y más viciosa que todos los pervertidos, más chiquitina que el pigmeo que a la grulla teme, más fiera y peluda que los osos y más ancha que las bragas medas o indias: (…) pues, aunque me veas dispuesto, hacen falta diez manojos de orugas para que yo pueda machacar los valles y hondonadas de tu ingle y aplastar los hormigueantes gusanillos de tu vagina. (nuestro héroe en franca decadencia).
  12. A tí, que tienes malas intenciones y que difícilmente aguantas si roban en el huerto, te daré por culo con mi falo descomunal, y si ese castigo tan duro y penoso no da buen resultado, tentaré otro agujero más alto.
  13. Que me muera, oh príapo, si no me avergüenzo de decir palabras torpes y obscenas. Pero como tú, siendo dios, muestras sin pudor los huevos al aire, debo yo llamar al coño coño y a la verga verga.
  14. “Oh, Priapo, amenazador con tu hoz y con esa otra parte aún mayor, indícame, por favor, el camino a la fuente” “Ve, forastero, por esas viñas; pero si coges una sola uva, otra agua tendrás que tomar.”
  15. ¿Qué tengo yo que ver contigo, inoportuno metomentodo? ¿Por qué impides que se me acerque el ladrón? Deja que venga. Se irá más ancho.
  16. El rey del rayo es Júpiter. De Neptuno el arma es el tridente. Poderoso gracias a su espada es Marte. La lanza, Minerva es su atributo. Con el tirso emparrado, Baco entabla el combate. La mano de Apolo lanza la flecha, como todo el mundo sabe. Arma la pica invicta la diestra de Hércules: más a mí un carajo erecto, me hace terrorífico.
  17. Si a robar viniesen una mujer, un hombre o un muchacho, que aquélla presente su coño, aquél su boca, éste sus nalgas.

Y vamos a cerrar con esos versos sutiles que exhalan cual finísimo surtidor los labios de Príapo:
“Donec proterva nil mei manu carpes,
Licebit ipsa sis pudicior Vesta.
Sin, haec mei te ventris arma laxabunt,
Exire ut ipsa de tuo queas culo.”
(Mientras no robes nada con esa atrevida mano,
podrás mantenerte tan casto como la mismísima Vesta.
De lo contrario, esta arma te abrirá en canal de tal modo
que podrás salirte entero por tu propio culo).

No hay comentarios: